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ACCIONES HUMANITARIAS

 
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Mi casa se calló E-Mail

Estando en una comunidad en Chincha - Perú, mientras revisaba algunos papeles, escuché una voz que decía “Doctora, doctora, ¿usted es psicóloga?” cuando presté atención se me acercó una señora con su niño de 7 años, la señora, con una expresión de gran preocupación, me pidió ayuda con su niño, que según ella me decía, estaba muy asustado por el terremoto y tenía problemas en la escuela, que no quería hablar y estaba muy nervioso.

Me acerqué al pequeño con la intensión de poder iniciar un contacto con él, sin embargo su expresión de temor hacia mi, limitó un poco este primer acercamiento, ¿cómo se llama?- le pregunté a su madre- Juan (nombre ficticio), - “hola Juan, mira quiero presentarte a un amigo mío que quiso venir a jugar con los niños del Perú”, Juan con mucho temor pero a la vez con sus ojitos llenos de curiosidad, miró aquel muñeco, poco a poco, Juan fue permitiendo que PISOTON se acercara cada vez más, hasta que con un poco de temor con su mano lo tomó y lo abrazó, esto me indicó que el niño había aceptado que yo me acercara a él.

Mientras yo conversaba con su madre, me mantenía cerca jugando con Juan y con PISOTON, hasta que poco a poco el pequeño fue rompiendo su barrera, y accedió a hablar conmigo, y por primera vez escuché su voz, cuando sin preguntarle nada, me dijo, “mi casa se calló”  esta frase me confirmó el temor que el terremoto había sembrado en él, así que me volví y le dije, “a ver, cuéntame qué pasó” – ahí estaba mi casa – me dijo, señalando con su mano, y en un momento aquel niño que al inicio no quería hablar, empezó a describir paso a paso cómo cada uno de los adornos de su casa se cayeron, cómo vio venir una pared hacia él y tuvo que correr para protegerse, como una narración en cámara lenta, recuerdo la expresión de temor que volvió a surgir en la cara de aquel niño, y por último me dijo “y yo corrí para ver si mi mamá y mi hermanito estaban vivos”

Además de las secuelas que dejó el terremoto en Juan, encontramos que su historia es como la de muchos niños que sufren agresión en sus hogares, su padrastro vive con ellos desde que él tenía 2 años y desde ese momento le prohibió hablar cuando él está presente, además de recibir gritos frecuentes de su parte;  “Doña Selmira” (nombre ficticio) ha sufrido la agresión física y verbal por parte de su esposo desde siempre, aunque en su narración comenta “ya no me maltrata, ahora sólo me grita” … este, es el criterio de muchas mujeres que sufren violencia en sus hogares, “ya no me maltrata” … aunque la agresión simplemente ha cambiado de forma.

En este momento Doña Selmira, Juan y su hermanito, continúan viviendo en un ranchito hecho de plástico frente a donde fue su casa, para abrigarse del frío y protegerse del polvo, su padrastro sigue con ellos.

Juan logró hablar y hacer un nuevo amigo, y en agradecimiento nos regaló una hermosa sonrisa… y un “seño… ¿va a volver?... ahora nos queda una fuerte tarea que cumplir, estar pendientes del progreso de Juan y su familia a través de las acciones psicosociales que desarrollaremos en esta comunidad.